Aprende a construir relaciones, no seas como el asno

En los primeros días de la llegada de los españoles al Perú, un pequeño asno traído por la caballería de Pizarro se perdió en algún lugar de la puna donde habitaba el fiero y territorial puma, o león de los andes.

Nunca se había visto un asno en aquellos parajes fríos y extensos, entonces su aparición resultaba rarísima para las demás especies de aquellas pampas americanas. El mismo señor de las fieras, el felino más grande que dominaba aquellos enormes cerros, sentía temor y a la vez curiosidad por este nuevo huésped.

– ¿Quizá sea un Dios? – Pensó por un momento, – ¡que raros sus movimientos!

Entonces se dedicó a observarlo en silencio y a prudente distancia, con mucha cautela, no vaya a ser que enfurezca y acabe con su vida.

Un día el Asno dio un rebuzno tremendamente prolongado y estrepitoso, que el puma salió corriendo de su escondite espantado a buscar el mejor lugar para protegerse.

rebuzna

 

Pero su liderazgo estaba en juego, los demás animales estaban observando muy atentos el comportamiento del rey de la montaña, así que, por ello y por una curiosidad que cada vez se apoderaba más de él, regreso para seguir observándolo.

Poco apoco se fue acostumbrando al rebuzno del burro, se fue dando cuenta que no era un grito de enfado, así que le fue perdiendo el temor, hasta quedarse muy cerca del jumento. Lo observaba más de cerca, pero no lo atacaba.

Así fue conociéndolo a fondo. Con más confianza que antes, empezó a tomarse ciertas libertades, rozándolo, empujándolo, molestándolo, hasta que el burro ya cansado del fastidio, le propinó una tremenda patada. Al puma no le dolió el golpe, así que continuó con el acoso, hasta que el borrico nuevamente le lanzo una segunda patada.

– Entonces esto es todo lo que sabes hacer- se dijo el puma. Y dando un salto sobre el cuello del asno, terminó comiéndoselo.

– ¡Pobre asno! Por su porte parecía poderoso, por sus rebuznos parecía temible. Si él no hubiera mostrado todos sus talentos, el puma feroz no se hubiera atrevido nunca a atacarlo. Pero con sus patadas, el asno firmó su propia sentencia de muerte.

puma

Mientras no nos conozcan realmente como somos y de que estamos hechos, quizá nos teman y respeten. Pero esto no durará mucho tiempo. Y si en lugar de entablar buenas relaciones con los demás, damos bravuconadas con aires de un poder que no tenemos, siendo soberbios y agresivos, podemos terminar como el burro.

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