“El que salva una vida salva al mundo, el que mata una vida mata al mundo” El Talmud

En un pequeño reino existía una tradición muy antigua, mantenida por años para el beneplácito de los príncipes y reyes. Todos los aldeanos y demás habitantes de la comarca, cazaban palomas para entregárselas al emperador de turno, como obsequio del día de Año Nuevo.

Al gran soberano le encantaba esta tradición, es más, ofrecía recompensas para los habitantes del reino que les trajeran las palomas.

Un día, una persona le preguntó por qué le gustaba tanto aquella tradición. Y él respondió:

– Me gustan mucho las palomas. Así que el día de Año Nuevo las dejo libres para demostrar mi bondad.

– Pero tus súbditos las cazan porque saben que necesitas palomas para soltarlas al año siguiente…- añadió uno de sus lacayos.

El hombre que había hecho la pregunta se quedó pensativo, y dijo:

– Usted suelta las palomas por un acto de bondad, pero sus súbditos, al cazarlas, matan a muchas de ellas. Para demostrar la bondad de verdad, debería prohibir su caza, porque tal y como hace usted ahora, suelta a las palomas para liberarlas, pero su bondad no puede reparar el daño que ocasiona.

El gran rey entonces se espantó de su propio egoísmo.

Así también existen personas en el mundo, que desarrollan actividades de filantropía, de ayuda al prójimo, pero que en realidad solo sirven como herramientas para satisfacer su propio ego.

Grandes fortunas en instituciones de caridad, que en realidad están sirviendo de distracción del verdadero amor por los demás.

Muchas veces, las personas se dan cuenta después de cierto tiempo, que lo que hacen ya no les hace sentir tan bien como antes, se dan cuenta que el ayudar a los demás, es más para sentirse magnánimos y esto acrecienta de manera descomunal su auto-imagen. Que muchas de sus acciones altruistas, eran más egocentristas que por “salvar al mundo”

El verdadero amor por los demás, se puede dar incluso sin gastar dinero, con acciones pequeñas y que se desarrollen a diario. Desde no botar basura a las calles, dejar el baño limpio para quien viene o simplemente saludar con cortesía. Eso es lo que nos hace grandes, esto es lo que nos conecta con la verdadera bondad por el mundo.

Muchas guerras son financiadas por grandes grupos económicos, que luego crearan hospicios para los niños huérfanos que queden del conflicto. Esta es la paradoja más increíble que podemos ver y que aceptamos sin darnos cuenta.

“El que salva una vida salva al mundo, el que mata una vida mata al mundo” El Talmud.

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